A TODOS LOS Y LAS VALIENTES: RECUPERARSE

Es importante encontrar nuestras zonas de recuperación. Esos lugares donde cargamos pilas, donde podemos ser nosotros mismos, donde hacemos lo que mas nos gusta, con quien mas nos gusta o en solitario. Donde nos dejamos ir, donde nos relajamos y el futuro desaparece para dejar que el presente y el disfrute sea lo único que ocupe nuestra consciencia. Donde, por decirlo de alguna manera, desaparecemos por un rato, por unas horas, para renovarnos, para recuperarnos a nosotros mismos.

Un amigo poeta Alberto Szpunberg decía que “hay que descansar antes de estar cansado”, que sólo así se podía llegar lejos. Yo diría que hay que descansar antes de agotarse.

Prestar atención a nuestro cuerpo, a nuestro instinto, a la vocecita que nos dice “para un poco …”.

Y es que, a veces, o a temporadas, acostumbramos a nuestro cuerpo y nuestro sistema nervioso a vivir en constante tensión, estrés, en el “debería”, en el “tengo que”, o en el descontento, en la prisa, en los agobios, en la rabia … y llega un momento que no pensamos (y nos creemos) que ese es el estado normal, que vivir así es normal. Y no es normal. Incluso nos inventamos excusas para vivir así, para justificar ese estado de alerta crónico. Esa presión autoimpuesta … bueno, digamos que nuestra sociedad tampoco ayuda mucho en este sentido, mas bien mete mas presión.

El cortisol es la hormona que segregamos en estos estados. El cortisol es una hormona muy útil en momentos de máxima alerta o peligro inminente, porque prepara al cuerpo para un “ataque”. Aumenta los niveles de glucosa en sangre y restablece la homeostasis de agua y electrolitos.

Pero sólo es útil en momentos puntuales, en cortos espacios de tiempo. Si mantenemos la secreción de cortisol de forma sostenida el cuerpo empieza a desequilibrarse y a presentar síntomas: obesidad, fatiga, insomnio, impotencia, diabetes, hipertensión, osteoporosis, úlceras, disminución de las secreciones de otras hormonas, como testosterona en el hombre y de estrógenos en la mujer … un desastre (ah, y todo junto se denomina el Síndrome de Cushing). Un drama.

Pero no solamente eso, los niveles altos de cortisol en sangre en periodos largos de tiempo correlacionan con el mayor consumo de ansiolíticos y antidepresivos. Y será por eso de la presión, porque de eso viene la palabra de-presión. Que de tanto apretar se peta.

Además el cortisol es muy amigo de la adrenalina, y casi siempre van de la manita retroalimentándose el uno a la otra.

Y es que vivimos “atacaos”. Bueno, no todos, gracias a dios, y no siempre, gracias al idem.

¿Y sabéis como se bajan los niveles de cortisol? Llorando, sudando, riendo, hiendo en bici, nadando, corriendo, jugando a futbol, arreglando la casa, diciendo tonterías, haciendo el payaso, queriendo, ayudando a otra persona, aprendiendo cosas nuevas que nos gusten, bailando, viendo a los amigos, … hay un montón de maneras, y casi todas son gratis o muy baratitas.

Por eso, y aunque a veces de palo, o nos parezca un sobreesfuerzo, es bueno cambiar un hábito para encontrar (o explorar) un lugar, un espacio de tiempo al día, o a la semana, donde recuperarnos. Donde desaparecernos y volver a ser quien somos sin preguntarnos, sólo siendo.