Shackleton: Liderar al límite

¿Qué es un líder? ¿En que consiste liderar?

Este concepto está en el candelero en los últimos años. Parece que los lideres se han vuelto extremadamente necesarios, vitales incluso diría yo.

En cierta forma es lógico, vivimos en unos tiempos donde todo parece derrumbarse a nuestro alrededor: las bolsas, los estados, las democracias, los sistemas sociales, los principios morales, los derechos sociales, la clase media, las certezas, las personas …

Todo se hunde y la esperanza parece imposible de mantener a flote. Es una situación complicada donde la mayoría no entendemos nada y vivimos en el susto y el temor constantes. Desafortunado presente.

El respeto a los principios y los valores, como la justicia, la honestidad, la verdad, la solidaridad, la humildad, la responsabilidad; parece algo del pasado, algo anacrónico. Hablar hoy en día de fe, confianza y compromiso, por ejemplo, empieza a sonar a libro de crecimiento personal o manual de gestión de equipos que no se traga nadie.

En este “estado de disipación” tan falto de guía es, como decía, en cierta forma lógico que surja la necesidad de líderes. Personas singulares que, cada una en su campo y en su ámbito, den una pauta, que encabecen la marcha, que nos den confianza, que aúnen fuerzas y voluntades, y que sacando lo mejor de nosotros mismos nos hagan creer que es posible, sea lo que sea de lo que se trate y nos propongamos.

Y con esto no estoy hablando de grandes lideres de masas, ni de grandes representantes de ideologías, o de “iluminados”, me refiero, por el contrario, a los lideres de cada día, “los líderes cotidianos”, a las personas que hacen que los demás sean, piensen y hagan mas de lo que se creían capaces por si solas. Son aquellas personas que inspiran y impulsan a los demás con su presencia, su saber hacer y su bondad. Porque yo no entiendo el liderazgo sin bondad.

El líder que pasa por alto el componente moral del liderazgo pasará a la historia como un bandido o algo peor, y no merece ser recordado.

Pues bien en el libro Lecciones de Liderazgo: las 10 estrategias de Shackleton (Dennis Perkins), también se plantea una situación donde todo parece hundirse y derrumbarse, y donde la esperanza parece imposible de mantener: año 1915, un barco varado en el hielo en mitad de la Antártida, con una tripulación de 27 hombres, y sin posibilidad de rescate ni comunicaciones de ningún tipo. Temperaturas de – 20ºC, sin provisiones suficientes. La única posibilidad: el autorescate. El punto de civilización mas cercano a 2.000 kilómetros al norte.

Sobrevivió toda la tripulación. Y fue gracias al liderazgo y la determinación de un hombre: Sir Ernest Shackleton.

Arrastrando equipos y botes, sacrificando los perros, racionando las provisiones, marchando sobre la superficie helada del mar, los hombres se desgastaban día a día, queriendo huir de las inclemencias del tiempo. La temperatura descendía a más de veinte grados bajo cero. El primer campamento fue bautizado “Paciencia”. El menú diario incluía carne de foca, estofado de pingüino con cacao y té. Los hombres dormían en tiendas empapadas por los vendavales y acurrucados en sacos mojados. El tedio, la soledad y la desesperanza estaban siempre presentes …

¿Cómo lo lograron? ¿Cómo vencieron el tedio, el aburrimiento, la rutina, el frio, el miedo y la soledad? Este libro nos ofrece algunas claves.

Shackleton era un idealista, un soñador, una persona altamente dirigida al logro. El lema de su familia era: “Resistir”. Esta expedición no era su primer intento de alcanzar el Polo Sur, y para él debió ser un golpe tremendo el ver que, otra vez, su sueño se truncaba mas allá de toda posibilidad.

Una de las cosa mas difíciles a las que un líder debe enfrentar es a la renuncia de su propio proyecto. Continuamente vemos líderes que por no renunciar a su proyecto, a su visión, sacrifican todos sus recursos, incluso los humanos. Líderes que queman todas sus naves cegados por el fulgor de un ideal. En verdad en ese momento han dejado de liderarse a si mismos porque la meta no les deja ver la realidad y aceptar lo que es, para poder optar a una posibilidad de cambio y adaptación. El líder que arrastra a sus seguidores al abismo por su ansia de logro no es líder, es loco.

Lo primero en toda misión son las personas, y así lo entendió Shackleton, por eso venció a las circunstancias y a las inclemencias y ha pasado a la historia: las personas primero, las cosas después (creo que el Sr. Covey tomó buena nota de esto).

En este sentido, “primero las personas”, Shackleton presto especial atención a las características individuales de los miembros de su tripulación, así como a sus necesidades particulares. Cada persona necesita cosas diferentes para seguir adelante. Cada persona tiene su propia “bebida isotónica emocional”, y este detalle el capitán Shackleton lo tuvo especialmente en cuenta.

Escuchó a los conflictivos, apoyo a los emprendedores, animó a los desesperanzados, confió en los que se creían débiles empujándoles a ser fuertes, elogió a los vanidosos, prestó atención a los que lo necesitaron, dio oportunidad a los desesperados … siempre tuvo muy en cuenta lo que necesitaba cada persona en cada momento, y eso, para mi, fue clave en su liderazgo, y demostró un profundo conocimiento del alma humana y sus necesidades. Y es un hecho demostrado, casi diría yo que un principio de la naturaleza humana, que las personas seguimos a quienes nos ayudan a cubrir nuestras necesidades, a quienes nos dan lo que necesitamos. Me impresiona la capacidad que tuvo el Capitán Shackleton para ser sensible a este principio y aplicarlo inexorablemente y día a día para mantener a su tripulación operativa y con vida (y porque no decirlo, mantenerse con vida el mismo, ya que salir de allí con vida dependía de todos). Atención al individuo por el bien del equipo.

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Cuando el líder pierde de vista las personas y sólo presta atención a la suya propia ya no es un líder, y la misión probablemente fracasará, y su legado será nefasto, o simplemente olvidado.

El resultado de todos los esfuerzos de Sir Ernest Shackleton y su tripulación fue que volvieron todos a casa, contra todo pronóstico y lógica, después de 634 días en la Antártida.

El futuro es una sociedad de líderes. O mejor dicho: el futuro es una sociedad de líderes cotidianos. De personas que sean dueñas de si mismas, responsables de sus acciones y decisiones, y comprometidas con su vida y con su futuro. Personas generosas que sepan trabajar desde el nosotros y que apliquen para si mismos y para el funcionamiento en grupo los principios básicos del liderazgo. Mientras no asumamos nuestro papel como lideres de nosotros mismos no estaremos dando lo mejor de nosotros mismos, ni estaremos posibilitando el desarrollo de los demás.

Todos somos líderes.