ACEPTAR EL DIAGNÓSTICO, RECHAZAR EL VEREDICTO

La palabra “veredicto” proviene de los terminos latinos “verus” (verdad) y “dictus” (dicha). Veredicto es “la verdad dicha”.

Vivimos en un mundo muy complejo y a veces difícil. Eso es verdad.

El futuro es incierto y la situación amenazante. También puede ser cierto.

Además nos encontramos con que día tras día muchas personas y medios de comunicación nos dicen y nos repiten lo mal que está todo. Eso también lo podemos aceptar como una realidad. Las cosas en verdad están difíciles.

Vivimos en un mundo complejo, actualmente la situación es en verdad difícil, y la incertidumbre sobrevuela nuestras cabezas como pájaros de mal agüero. Podemos aceptar ese DIAGNÓSTICO. Y debemos encajar esa realidad aunque duela y de miedo. Un diagnóstico expresa la realidad presente, pero no tiene nada que ver con la realidad futura.

Por eso no podemos aceptar de ninguna de las maneras los VEREDICTOS FATALISTAS sobre el futuro que se emiten como profecías “catastrofizantes” por todas partes. No podemos resignarnos a las proclamas de un futuro gris y sucio donde no hay lugar para la esperanza. No podemos ceder ni un milímetro de terreno al pesimismo y a la derrota. Porque eso significa dar poder a algo que no lo tiene. Significa ceder el poder a todo lo que tememos. Y eso nos paraliza y nos bloquea.

Aceptar la derrota y el miedo significa renunciar a nuestro propio poder como personas a decidir y llevar a cabo acciones que puedan mejorar nuestra situación. Significa renunciar a la libertad personal de levantarse cada mañana y decidir conforme a los propios criterios que es bueno y necesario, y que vamos a hacer al respecto. Ceder al miedo y la desesperanza significa perder la partida antes de que haya empezado.

Y rechazo rotundamente todo VEREDICTO FATALISTA sobre el futuro, porque el futuro lo hacemos cada uno de nosotros cada día. Porque un “veredicto” es una sentencia a muerte, un veredicto es aceptar la mentira de que sólo existe una sola opción o un solo camino. Y eso es mentira. Una realidad actual no es una realidad en el futuro. Que ahora estés así no significa que en futuro vayas a estar de una determinada manera, al igual que un punto de partida no condiciona el final de un viaje.

Los “derrotados”, los “fatalistas”, los “pesimistas”, no tienen ni idea de todo el talento que se esconde dentro de cada uno de nosotros, no saben de nuestras verdaderas capacidades, no tienen ni idea de toda la energía que tenemos dentro, no saben de lo que somos capaces. Por eso se atreven a sentenciarnos al peor de los futuros.

Para hacer frente a todo esto debemos hacer uso de nuestra RESPONSABILIDAD PERSONAL para tomar parte activa en nuestro presente y en nuestro futuro. Para no creer lo que no es y para hacer lo necesario para dirigir nuestras vidas hacia todo lo que queremos ser y todo lo que queremos que si sea.

Porque RESPONSABILIDAD no tiene nada que ver con la culpa (como nos ha hecho creer la tradición juedo-cristiana), RESPONSABILIDAD es la HABILIDAD de RESPONDER. Y si nos detenemos y tomamos consciencia, y no nos dejamos llevar por la inercia y el ruido de nuestra mente y del día a día, podemos darnos cuenta que en verdad tenemos esa habilidad de responder de la mejor manera, que en verdad tenemos la capacidad de decidir de forma voluntaria e independiente que es lo mejor y cual es el siguiente paso que tenemos que dar. Nuestro futuro lo decidimos a cada momento desde tu responsabilidad.

Y de esa capacidad incuestionable del ser humano de transformar la realidad y convertirse en la mejor versión de uno mismo es de donde parte el Coaching Teleológico.

El Coaching Teleológico trabaja desde la certeza de que todos somos capaces de tomar las mejores decisiones y de guiar nuestro presente hacia el mejor de nuestros futuros.

Sólo que a veces nos olvidamos 😉

Feliz día.

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