Cuando la Mente limita el Espíritu

Nuestra mente está diseñada para sobrevivir. Nuestro espíritu para vivir y dar vida.
La naturaleza post-primate del ser humano reside en su espíritu. En esa fuerza y esa consciencia que opera mas allá de la supervivencia y la búsqueda de placer.
El espíritu, a diferencia de la mente, no habla de si mismo, habla del mundo, habla del continuum entre los seres humanos, de los hilos que lo unen todo en una arquitectura perfecta y cambiante. Plantas, piedras, perros, planetas, los mares, el aire, la madera que se esconde en la oscuridad del tronco, el agua que contiene el abdomen de una hormiga, la luz del fuego o el silencio de los aromas.
Nada de esto le es ajeno al espíritu. El espíritu humano lo intuye y lo conoce todo porque forma parte. La mente vino después, y vino a entender. A “tender” un puente de razón, de lógica funcional y causal para manejar al Mundo y manejar al hombre. Y así el espíritu se fue callando ante el ruido de la mente. Y el hombre se quedó atrapado al otro lado.
Pero sigue ahí, aunque velado por el tiempo y las historias que la mente no deja de crear. Y nuestro espíritu sigue conociendo la respuesta cierta a nuestros miedos, nuestras ansias, dudas y desvelos. Sólo tenemos que hacer silencio y preguntarle.
Preguntarnos en el espacio del silencio y re-conocimiento que existe entre una pregunta y una respuesta. Las mejores respuestas, las mejores soluciones, habitan en nuestro interior y nacen en ese espacio como alternativas siempre esperadas.
Por eso es importante crear y respetar ese espacio. Crearlo con la pregunta adecuada y respetarlo con silencio presente. Entonces la respuesta se abre como una flor largamente esperada, llenando de luz y comprensión lo que antes parecía oscuro y complicado. Y esa luz ilumina nuestro rostro porque hemos entendido. Porque hemos “tendido” un puente entre el Mundo y nuestro Espíritu, para dejar pasar un poco de todo lo que sabemos sin saberlo, y así aportar algo bueno y cierto.
Esa es la potencia de una buena pregunta y del silencio respetuoso que la sigue.
Interrogado sobre que necesitaba en una situación difícil respondió: “necesito una buena pregunta y alguien que me escuche.”

*Dedicado a mi amiga Oreneta que siempre escucha sin juzgar y siempre vuela sin alardear.

Banda Sonora: http://www.youtube.com/watch?v=8xK6LMdpfDk