Aceptar los límites y escoger tus batallas

Una cliente me dice que va “a mil”, que va a tope, que tiene mucha presión y que es insoportable. Veo como suda, como gesticula, como se enerva y se acalora. Sus ojos no estan quietos, no estan serenos, buscan, buscan; una respuesta, una salida, un solaz, una solución, un momento de calma.

Me cuenta cuan atareada va, como se agobia, que duerme mal, y que aun así no lo consigue.

“¿El qué?” – le pregunto yo.

Pues lo que quiero, todo, no se …

¿Y tu que quieres?

Pues no se, llegar al final del día y estar bien, no? No tener este agobio siempre.

¿Y que necesitas?

Pues un poco de calma supongo … no se aceptar que no puedo con todo quizás …

Efectivamente: No podemos con todo.

De hecho aquello de “Lo que no te destruye te hace mas fuerte” yo no lo comparto. De hecho hay cosas que no te destruyen pero te pegan tan fuerte que te dejan frágil y temblando, y hay que hacer todo un trabajo de recuperación.

Por eso creo que aceptar que en ciertos “fregados” es mejor no meterse tiene algo de sabio. Porque nos venden que todo es posible, que podemos con todo, que podemos conquistar el destino armados solamente con nuestra voluntad, que ningún reto es demasiado alto ni demasiado grande, y con toda esa carga de expectativas nos tiranizamos.

De hecho Sun-Tzu el autor de “El Arte de la Guerra” decía que debemos escoger muy bien nuestras batallas porque no las podemos librar todas. Y hay batallas que valen la pena, hay batallas que son inutiles y hay batallas que sabemos que es mejor no meternos. Escoge tus batallas. Y eso si, aquellas que decidas lucharlas, lúchalas hasta el final y dándolo todo; pero no pretendas lucharlas todas porque te estrellarás. No es lo mismo coraje que temeridad, y no es lo mismo miedo que prudencia.

Silvio Rodriguez, el cantautor, decía que “aceptar los límites es no dictaminarse”, y yo creo que como aquel perro que sabe cuando mejor no pelear porque el otro perro es muy grande y mejor esperar a otro momento que esté despistado, yo también procuro decidir cuando vale la pena luchar, cuando es mejor retirarse y cuando es mejor esperar. Pero mientras esperas afila tu herramienta y prepara tus músculos para el siguiente asalto.

La victoria sonríe al que se prepara y la prudencia cuida del valiente.